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31 de diciembre de 2020

[COLUMNA] Tiempos de unidad, esperanza y reencuentro

Momentos de pausa y reflexión es el que nos brinda cada fin de año. Sin duda que, en esta oportunidad, esa instancia que nos tomamos para mirar atrás y evaluar lo realizado o las acciones pendientes, resulta extremadamente diferente a cualquier otro. La pandemia nos cambió la vida y la forma en que comenzamos a observar nuestro alrededor y quienes nos rodean. El virus y sus consecuencias transformó todo lo conocido y como efecto, emergió una nueva valoración del entorno.

Las comunidades se transformaron en una familia a la cual proteger, la necesidad de estrechar la mano o abrazarnos fue reemplazada por una mirada a los ojos y un tímido contacto con el antebrazo. De pronto, empezamos a estar pendientes de gráficos, cifras y expresiones hasta ese momento poco habituales, que, en el fondo, hablaban de personas.

Las necesidades tomaron forma de solidaridad y empatía, el mundo comenzó a mirar con atención a las personas mayores y los esfuerzos de todos, sin distinción, se enfocaron en la prevención, la ayuda y la atención oportuna.

Trabajadoras y trabajadores de la salud no han descansado en la lucha contra la enfermedad y seguramente así lo seguirán haciendo, demostrando el amor por lo que hacen, por la vida de los demás, por desconocidos sin preguntar ni juzgar. Una verdadera puesta en práctica del servicio público y del juramento profesional que nos llevó a abrazar la profesión elegida.

En este fin de año, lamentablemente veremos sillas vacías. Sentimientos de dolor y tristeza por los que partieron y la angustia por los que continúan batallando contra la enfermedad estarán presentes en nuestros pensamientos y oraciones pidiendo por la recuperación de los enfermos y la paz de sus familias.

Cómo no tomarnos un momento para pensar en todos ellos; cómo no sentir que las diferencias no pueden adueñarse de lo realmente importante. Cómo no decir que el egoísmo no puede tener cabida en un mundo que ha cambiado y que seguirá cambiando en múltiples sentidos y aspectos que incluso se hace difícil llegar a comprender o a asimilar.

Es de esperar que lo vivido durante este 2020 sea en definitiva parte de una experiencia que nos lleve a entablar una relación distinta con quienes nos rodean, a que la tolerancia y el respeto sean la norma que dirija nuestro día a día. Como describe las Naciones Unidas, “no sólo como un deber moral, sino como un requerimiento político y legal para los individuos, los grupos y los estados”.

Aprovechamos esta oportunidad de sembrar una nueva esperanza, de reafirmar los compromisos sociales, de trabajar de manera incansable por alcanzar una región y un país más justo para todos, más inclusivo, con más derechos e igualdad de oportunidades anhelos que sólo son posibles conseguir de la mano de las voluntades humanas en su conjunto.

Queda mucho por andar, no se trata de una meta sencilla de alcanzar, pero no podemos permitirnos dejar de lado el sueño de ver en el horizonte un mejor futuro.

Se termina un nuevo año, complejo y diferente a nivel global que nos deja innumerables lecciones que debemos asumir y madurar de la mejor manera posible para enfrentar lo que se viene con sabiduría y humildad.

Es tiempo para reencontrarnos, para fortalecer el diálogo poniendo por delante los entendimientos que nos lleven a cumplir con los objetivos comunes que nos unen hoy más que nunca.

Es momento de agradecer y del perdón por los errores, de la comprensión y la cooperación para seguir construyendo entre todos, una mejor región.

Nelson Cárcamo Barrera
Gobernador de la Provincia Antártica Chilena
Columna de opinión publicada el 27 de diciembre de 2020 en el suplemento «Análisis» de Diario El Pingüino.